‘Se puede pensar desde la izquierda y tratar de mejorar el país’: Carlos Illades
Desde
hace más de veinticinco años, el cerebro de Carlos Illades está
alineado a la izquierda. Para explicar los orígenes de su fascinación,
suele remontarse a la época en que era estudiante de historia en la
Universidad Nacional Autónoma de México, a finales de la década de los
setenta, cuando el pensamiento de izquierda se respiraba en el aire.
“Se
discutía mucho, y no solo en clases, sino en todos lados, era parte de
nuestras vidas. Para mí fue natural dedicarme a estudiar la historia del
movimiento obrero y los primeros socialismos”, explica el académico de
la Universidad Autónoma Metropolitana. “En los últimos años me he
centrado en el siglo XX y el periodo contemporáneo de México porque veo
que es un terreno inexplorado y necesita una reflexión más sosegada”.
Más de catorce libros,
entre investigaciones propias y trabajos colectivos, dan fe de lo
fructíferas que han sido sus reflexiones en el último cuarto de siglo.
Solo entre 2017 y 2018, tres volúmenes de su autoría se han convertido
en lecturas medulares para entender el pasado, presente y posible futuro
de la izquierda mexicana: El futuro es nuestro: Historia de la izquierda en México, El marxismo en México y Camaradas: Nueva historia del comunismo en México, libro en el que coordina el trabajo reflexivo de un grupo de intelectuales.
“Después de mucho tiempo hay un verdadero interés en estos movimientos sociales y políticos, no solo de los académicos, sino del público y los medios. Creo que eso se debe a que la izquierda siempre ha sido vista como una amenaza pero, en estos momentos, podría llegar al poder”, explica Illades.

El
auge de los nacionalismos, el nativismo y la crisis representativa que
es evidente en muchas de las actuales democracias occidentales, ¿a qué
época histórica le recuerda?
Cuando
vemos el aislacionismo de Estados Unidos, el resurgimiento de los
populismos y un neofascismo en Europa, además del recrudecimiento de la
xenofobia y el odio a los inmigrantes, a veces me parece que estamos en
los años veinte del siglo pasado.
Pero
la gran diferencia es que la izquierda actual es menos fuerte. El
antiguo fascismo es incomprensible sin la existencia del comunismo y la
amenaza de la revolución. Ahora surgen nuevas izquierdas que no alcanzan
a ser mayorías, como le pasa a Podemos en España o a Syriza en Grecia.
Me da la impresión de que esos partidos deben ensanchar sus alianzas y
eso implica hacer concesiones que, a quienes analizamos la izquierda,
nos sorprenden.
¿Cuál es el papel que puede jugar el ideario de la izquierda en medio de todos esos cambios y pugnas por el poder?
La
izquierda tiene que convivir con el mercado y con la democracia
representativa aunque, en ambos casos, puede optar por un perfil
distinto. Creo que es posible fomentar un mercado que se preocupe más
por lo social y una democracia representativa que sea más radical, que
no consista simplemente en votar por opciones que son muy parecidas,
sino una democracia que se enfoque más en los intereses de la población.
Por ejemplo, puedes buscar opciones ante la globalización, atenuar sus
costos e insertarte de una manera distinta. Pero no puedes pensar que es
algo que puedes revertir o eliminar.
En
el caso mexicano, ¿cuáles cree que fueron los grandes errores de la
izquierda durante el proceso de conformación del sistema democrático?
En
México, como pasó en otros países de América Latina durante las décadas
de los sesenta y setenta del siglo pasado, también surgieron
movimientos que optaron por la opción armada en las ciudades y en los
campos, como pasó con Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. De hecho, algunos
de esos grupos guerrilleros rurales persisten hasta el día de hoy en
Chiapas, Guerrero y Oaxaca.
La
guerrilla rural es endémica porque está asociada con la injusticia y
México es un país muy desigual con altos índices de pobreza y la
presencia de una oligarquía poderosa. Todo eso explica que haya tanto
resentimiento y malestar. Una gran falla de la izquierda es que no logró
insertarse plenamente en los grandes movimientos sociales y por eso no
creció mucho en el pasado. Por ejemplo, tuvo presencia en las huelgas de
los ferrocarrileros pero no fue un factor determinante.
Sin embargo, Andrés Manuel López Obrador, un candidato que se define de izquierda, está dominando todas las encuestas de las próximas elecciones presidenciales en México. ¿Cómo explica ese fenómeno?
Si
son certeras las encuestas, solo un milagro podría impedir que López
Obrador gobierne México. Le lleva más de 16-18 puntos de ventaja a su
competidor más cercano que es Ricardo Anaya, del Partido Acción
Nacional, y luego viene José Antonio Meade, del Partido Revolucionario
Institucional, ambos de derecha. Creo que eso puede explicarse porque
Anaya no se ha convertido en una alternativa creíble al statu quo. Hay que recordar que su partido se unió al PRI en el Pacto por México
al inicio del actual gobierno de Enrique Peña Nieto, y ya nadie se cree
que, de un año para acá, se hayan vuelto sus acérrimos enemigos. López
Obrador tuvo el acierto estratégico de no meterse al pacto y por eso
tiene una gran credibilidad que se refleja en las encuestas.
En su libro El futuro es nuestro,
define el discurso de López Obrador como una utopía conservadora. ¿Cómo
es que un candidato de izquierda puede tener un discurso de ese tipo?
Esa
es quizá la mayor paradoja de López Obrador: creo que es de izquierda
porque reivindica la justicia social y eso es innegable, pero mientras
esa corriente política históricamente suele ser de avanzada, él más bien
se muestra conservador. No le da la relevancia suficiente a los nuevos
derechos como los de las minorías; no los critica, pero tampoco los
favorece. Igual pasa con la legalización de las drogas y, si lo
comparamos con las izquierdas sudamericanas, tiene unas ideas muy
propias sobre el rol de las clases populares.
¿Cómo es la definición de “pueblo” para López Obrador?
Se
trata del pueblo bueno que es guiado por un gobernante honesto; no creo
que caiga en el mesianismo, sino más bien es una figura inspirada en
Rousseau. Él piensa en la construcción de una comunidad ética con una
especie de paternalismo bueno que es mesurado y austero, cree que
quienes gobiernan o son propietarios deben dejarse acompañar por las
clases populares. Cada quien hace lo que le corresponde y hay un orden
jerárquico pero no abusivo.
Morena,
el partido fundado por este candidato, incluye en su mismo nombre el
término “regeneración”, que nos remite a ideas políticas decimonónicas.
La
izquierda del primer socialismo no planteaba una revolución sino la
regeneración; se trataba de enderezar a la sociedad, pero no mediante el
uso de la fuerza, sino por el convencimiento. En ese sentido López
Obrador es muy decimonónico, incluso creo que su idea de pueblo es
premarxista porque en el marxismo ya está la lucha de clases, pero para
este candidato el pueblo es una unidad, una especie de monolito. Me
recuerda al pueblo bueno de Jules Michelet.
En
la mayoría de sus discursos, el líder de Morena se refiere a ese pueblo
monolítico y casi no menciona a otros sectores de la población como la
clase media, ¿a qué cree que se debe la focalización de su mensaje?
Él
habla muy poco de la clase media y habla menos del sector más
progresista de la clase media. No creo que lo considere como un sector
ajeno al pueblo —de hecho quiere acercar las condiciones de la mayoría
de la población a lo que los liberales consideran que es la clase
media—, pero resulta claro que no ve ahí a su base social. Aunque eso es
cierto, pienso que al acentuar su perfil conservador sí recupera a un
segmento de la clase media.
Muchos
han criticado algunas estrategias electorales del candidato de Morena,
como su alianza con el Partido Encuentro Social, una agrupación que
rechaza el aborto y el matrimonio igualitario.
No
me gustan algunas de sus alianzas, obviamente es difícil de explicar la
del PES, que es un movimiento de ultraderecha, pero pienso que es un
candidato que ha aprendido de sus experiencias en el pasado y eso
significa que en México no puedes hacer una mayoría exclusivamente de la
izquierda.
Él
se está adelantando a lo que finalmente ocurrirá si llega a gobernar,
por eso está forjando la coalición más amplia que puede. Como de todos
modos va a tener que convivir con grupos muy distintos ya está
reconociendo el poder de sus aliados en cada región. Por otro lado, en
experiencias pasadas no tuvo suficientes representantes de casillas en
las elecciones y necesitas miles, porque donde no los hay, las
votaciones suelen ser anómalas, entonces está previniendo esa situación.
¿Cree que México está preparado para tener un gobierno nacional de izquierda?
Lo
más sano para la democracia mexicana es que la izquierda llegue al
poder por la vía electoral. Quizá así se pierda la desconfianza
histórica de los mexicanos en las elecciones, porque hasta que no gane
alguien que se salga del binomio PRI-PAN, eso no se va a recuperar.
La
derecha ya fracasó muchas veces en la presidencia, Vicente Fox tuvo la
oportunidad de hacer una reforma del Estado con el petróleo arriba de
100 dólares, las remesas altísimas y los ingresos por turismo, pero no
la hizo y prefirió aliarse con el PRI; Felipe Calderón nos llevó a esta
guerra infame en la que seguimos viviendo, y el PRI regresó peor que
antes, lo que parecía casi imposible. El miedo al comunismo, al
socialismo instaurado por Hugo Chávez, quizá funcionó en las elecciones
de 2006 y 2012, pero ahora pesan más la ira y el desencanto por la
corrupción y las promesas incumplidas.
¿Qué podría pasar con la izquierda mexicana si López Obrador no gana la presidencia?
Él
tiene una curva ascendente que ha aguantado la erosión natural de tres
elecciones manteniendo un mínimo de 15 millones de votos, eso es un
fenómeno que no se había visto antes. Si pierde, lograr eso de nuevo va a
ser muy difícil para la izquierda que siempre corre el riesgo de la
división. Ahora, si gana, será muy interesante ver qué va a pasar con
Morena. ¿Será el germen de un movimiento parecido a Podemos o nada más
es un apéndice de su líder? Creo que se puede pensar desde la izquierda y
tratar de mejorar el país que tenemos.
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