TIEMPO DE SEMBRAR
Ayer fue un ejercicio democrático de altísimo nivel. Quien haya ganado o haya perdido no tiene relevancia, porque de hecho, aunque algunos lancen campanas al vuelo, el estatus
socio político del país, no cambió demasiado.
Lo importante fue la participación ciudadana en un clima de respeto, de paz, de civilidad, de urbanidad y de cuidado de la salud, cómo nunca antes lo habíamos vivido. Con justificada razón podemos sentirnos orgullosos de nuestra identidad mexicana.
Sigue vigente el empoderamiento de un gobierno nacido del hastío. Nacido del abuso y el cinismo y que hasta el momento, no ha demostrado aún, ser verdaderamente diferente que sus progenitores.
Hubo un pequeño avance de los opositores. Tan pequeño, que no alcanza a preocupar lo suficiente a un presidente empecinado en lograr su propósito: Dejar huella indeleble de su paso con una Cuarta Transformación, que todavía está lejos de mostrarse como se prometió.
La enseñanza más grande de esta jornada electoral fue el civismo mostrado por prácticamente la totalidad de los mexicanos, salvo algunos inadaptados -que nunca faltan-, que pertubaron algunas pocas casillas de todo el territorio nacional.
Es momento de conciliación y de esperanza. La balanza congresista se niveló, aunque de forma apenas moderada. Eso servirá para confirmar que es a través del voto, como podemos encausar a la nación. El enfrentamiento, las ofensas, la difamación y la insidia, no sirven sino nadamás para dividir a un país que merece la unidad y la solidaridad de sus habitantes.
Sembrar armonía y trabajo, para cosechar los frutos del progreso. Sembrar discordia dará frutos agrios.
Lo que sembremos, lo habremos de cosechar.
Failo Vázquez
Junio 7 de 2021
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